28.11.11

Frank

Frankenstein le dijo a su novio: -No me odies-

El novio no dijo nada y sólo le acarició los mechones de cabello que colgaban de su deforme cabeza. Luego se dio medio vuelta y se marchó.

Frankenstein, dolido y humillado, suspiró ahogadamente. A lo lejos se observaba un tupido y oscuro bosque de pinos. -Tal vez deba regresar-, pensó. Mientras, el novio se alejaba rápidamente por el sendero lleno de flores que había tomado, de pronto Frank tomó la escopeta que llevaba a sus espaldas, apuntó con firmeza y de un sólo tiró logró darle a la cabeza del novio. Volvió a colgarse la escopeta y retomó el camino de regreso.

Era ya de noche cuando Frank finalmente lograba llegar a la entrada del bosque.
-Nadie nunca podrá encontrarme acá-, se lamentó. -Pasaré toda mi vida esperando que alguien más entre, nadie se atreve, es tan oscuro. Pero es todo lo que tengo-, sollozó.

En la oscuridad del bosque los horrorosos rasgos de Frank no se veían tan terribles. Algunos rayos de luna se colaban entre medio de las copas de los árboles. Siguió caminado hasta llegar a un claro donde lo esperaba su padre.
-Otra vez- Habló el hombre.
-Sí, aunque de verdad llegué a creer que esta vez sí lo lograría. Creí que todo era posible en esta vida. Mírame, soy un monstruo y sigo viviendo, respirando, admirando todo lo bello que me rodea, aunque a veces me sienta como la cosa más despreciable del universo. Estoy aquí- Argumentó Frank.
-Creo que es mi culpa, hijo. Supuse que no notarían la diferencia. Pero para los demás eres demasiado extraño, no encajas. Nunca llegarán a conocerte de verdad porque a sus ojos estás hecho de partes de cadáveres- Insistió el padre.
-Para qué me creaste, padre, con que razón?. La verdad es que ya ni me interesa saber. Pasé todos estos años tratando de entenderlo y ya no sé si cambiarían en algo las cosas si acaso consiguiera esa respuesta. Me dijiste que era especial, que era distinto. Para mí ellos son los monstruos, son fríos y crueles, egoístas y miedosos. Ninguno podría ser capaz de pasar una sola noches en este bosque. Sólo a la luz se sienten seguros, e incluso así andan pendientes de sus espaldas. Yo en cambio, que he tenido que sobrevivir en este lugar, me he atrevido a salir también, sabiendo que a pleno sol cada cicatriz, cada bulto, cada deformidad quedará al descubierto. No, padre, no soy especial, no soy distinto. Solo soy yo: Frankenstein-

El padre suspiró y trató de acercarse a su hijo, pero a pocos instantes de abrazarlo, se detuvo. Gruesas lágrimas caían por sus ancianas mejillas. Su voz grave se suavizo. - Hijo, creo que ya no podré acompañarte más. Te enseñé todo lo que sabía y ahora es tu turno de ver las cosas por ti mismo. Aunque hace tiempo que ya lo estás haciendo. Debo ser honesto Frank. No sé si algún día volverán por ti. Siento que no. Y no hace feliz la idea de que te quedes vagando eternamente en este lugar, ni que vayas de caza a las afueras sólo porque quieres demostrar algo. No puedes obligar a la gente a que se quede a tu lado. Bueno, a veces pensé que éste era tu hogar, pero la verdad es que estos bosques se están haciendo muy viejos para ti. En algún momento van a morir o sucumbirán ante alguna tormenta y arderán en llamas. Hijo, yo voy a partir mañana temprano. Creo que luego de mi partida deberías pensar en marcharte también. Hemos visto tantas cosas que a nadie parecen interesar. Es cierto, te dije que eras especial y distinto, todos lo somos y todos, al mismo tiempo, nos comportamos como monstruos también. Tal vez esas partes que uní para crearte, te hicieron ver las cosas, la vida, como a través de un prisma, haciéndote creer que existían muchas realidades y que tal vez, pertenecías a una de ellas. Pero no olvides que dentro de ti hay algo que nadie más tiene, aunque eso lo debes descubrir tú solo. Ninguna otra persona puede ver y nadie te lo puede quitar. Lamento que hayas creído que éste era tu hogar, tu único hogar. Nadie te rescatará, nadie te salvará. Si ya has aprendido a amar, si ya has sido amado, por corta que haya sido esa experiencia, entonces no te queda nada más que hacer en estos bosques. Eso es lo único que nos distingue de las bestias y de los monstruos: Amar.

El padre abrazó por última vez a Frank. Tomó su bolso y lo acomodó para echarse a dormir sobre él. A la mañana siguiente, cuando Frank trató de despertarlo, se dio cuenta que ya había partido, tal y como lo hubiera anunciado la noche anterior.
Frank cavó una fosa a las orillas del lago junto al bosque y enterró a su padre. Cogió las pocas cosas que tenía y sin mirar atrás emprendió su viaje.

1.5.11

Sobredosis de consciencia

Me pitié. Estoy sonado. En todo caso, a mi nadie me prometió nada. Fue todo idea mía. No sé en qué minuto se me metió en la cabeza que alguien me debía algo. Y algo grande. Me armé ese cuento yo solito. Con argumentos imaginarios y deudores y cómplices y malos y buenos.

Ayer me vomité todo encima. Fue a la salida del banco. Ni sé cómo llegué hasta ahí, iba a buscar lo que me pertenecía. Pero la cajera estúpida no entendió nada. Llamó a los guardias y me echaron. Afuera el aire me pegó fuerte y me mareé. Una señora me ofreció una botella con agua y un pañuelo para que me limpiara, pero ni la miré siquiera. La dejé con las cosas en la mano vieja y flaca, estirada en el aire como una rama seca. No necesito los consuelos de una vieja miserable.
Me fui caminando todo vomitado, ignorando a los demás transeúntes; porque si lo hago todo el tiempo, por qué no habría de hacerlo ahora? Las normas de la calle son bien raras. Es como un salón de baile, no: es como un evento extraño y cada persona es una baile por sí misma. Y cada una baila lo que quiere, pero todos juntos en el salón y nadie se mira.
Yo caminaba entre esos bailes, traspasando las normas del salón. Como si me importara, acaso les importo yo a ellos? A menudo me hago esa pregunta, cuando camino por las calles en esa competencia asolapada de bailes. Qué me importan ellos? Qué nos importamos los unos a los otros. Esa masa cíclica y ruidosa, colorinche, pero uniformada, tendrá consciencia de sí misma? Cómo habremos llegado a ese estado, a esa indiferencia organizada y jerarquizada?

Al pasar junto a una tienda vi un gran contenedor de basura, en frente otra tienda en su vitrina reflejaba el contenedor. Me saqué el chaleco vomitado y lo arrojé con furia contra el reflejo. La gente me miró con desaprobación, era que no. Pero un tipo, un foráneo me aplaudió de lejos con tremendo entusiasmo. Seguí caminando mientras una colérica vendedora me increpaba desde la puerta de la tienda. Para lo que me importaban a mí sus gritos. Seguí caminando hasta que me cansé, tenía pedazos de comida regurgitada en mi boca y el ácido del estómago me quemaba la garganta. Ahora quería el agua de la vieja. Qué poca sincronía. No tenía ni un peso en los bolsillos y necesitaba agua con urgencia. De pronto vi en el costado del asiento de paradero donde me encontraba, en el suelo, un tiesto de plástico con agua. Seguramente para los perros, -yo soy casi como uno- susurré. Pero cuando traté de agarrar el coso, me di cuenta que estaba encadenado. Qué rabia, qué rabia! Me levante y estaba a punto de patearlo, pero algo ocurrió que automáticamente me puse en cuclillas y saqué agua con las dos manos. me la eché en la cara y bebí otro poco. en ese minuto el tendero del kiosco cercano me gritó que cómo se me ocurría hacer semejante cochinada. Le dije que no tenía para comprar una mineral. Pensé que me ofrecería una de su kiosco, pero en vez de eso me dijo que fuera a pedir un vaso a la farmacia de la esquina. -Viejo de mierda tacaño-, pensé para mis adentros. Me paré enfurecido y le patié su negocio. Me fui echando pericos hasta casi llegar a mi casa. Cuando finalmente llegué a mi edificio, reuní mis últimas reservas de genuina amabilidad que me quedaban en el cuerpo y le di un gran "buenas tardes" al portero. El apenas me respondió con un gesto de su cabeza.
-estamos mal-,pensé. Estamos mal.

7.1.11

-El final y el comienzo sólo pueden ser uno solo y no tienen importancia alguna-, me dijo acongojada. -Lo único que importa es el medio-. Agarró sus maletas y subió al bus. De eso una semana ya. Hoy es domingo, y mañana lunes. Mañana debo empezar la semana como todos, hoy termina mi descanso, como todos. Y entre hoy y mañana en realidad da lo mismo. Una distancia de ocho horas de oscuridad, la misma distancia que te tomó en viajar, ocho horas de oscuridad acurrucada en esos asientos sebosos.

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Ahora que te fuiste puedo sentirme a mis anchas y mis largas. Ahora que te mandastes cambiar como dice la vieja cuma de abajo, puedo limpiarme el poto con la puerta abierta, puedo disfrutar del silencio a medias de este callejón que tan fruncidamente llamamos pasaje, puedo hacer todas las cosas que te prohibía por puro gusto y que yo hacía a escondidas. Ya no hay quien me joda la pita en este mundo. Pensé que ese día nunca llegaría. No me molestaría verte de vez en cuando, así, a la pasada o tal vez una tarde. A lo más te podrías quedar de una día para otro, si te pones con algo para el desayuno.
No me malinterpretes, me alegra que te fueras, no sólo por mí... o bien digámoslo no más, si es la pura verdad, es sólo por mí. No sé qué más puedo llegar a conocerte, creo que ya vi todo lo que tenía que ver. Y me sorprendiste tan poco, eso me da pena. Porque venimos del mismo lado, yo pensé que a lo mejor esto iba a ser distinto, pero no.

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Estaba pensando en bajar a la playa uno de estos días, a lo mejor el martes, ojalá que no haya tanta gente. Estoy muy pálido y se me empiezan a notar las ojeras. Dicen que va a estar nublado, pero no importa, al final hace calor igual. Lo único fome es que no tengo ni una toalla decente, hay una media desteñida que está rota en una esquina. Quiero ir después de almuerzo, como a las 4. Me gustaría llevarme algo para leer, pero no un libro. Una revista a lo mejor. Hace tanto tiempo que no voy a la playa, yo creo que un par de años ya. Dicen que la arena hace bien para exfoliar la piel. Y el sol hace algo con la vitamina E o D, no me acuerdo. Pero dicen que hace bien, pero un poco de sol, eso sí.

30.8.10

El escritor




Generalmente empiezo así:

Elijo una imagen y me siento a observarla por un rato. Creo que la mayoría de las veces es un lugar vacío, pocas veces son personas u objetos, más que pocas, son raras las veces que elijo la imagen de alguien o algo. Y sí, son raras, extrañísimas ocasiones en las que la cara de un desconocido o la forma determinada de una cosa me provoca algo. Porque están ahí, animados o inanimados, están ahí. El lugar es el lugar, no contiene a nadie, claro... muchos algos sí tiene, pero es el conjunto en sí, que simplemente es y no es al mismo tiempo, lo que hace que invente un tú o un yo y los ubique ahí, parados, sentados, pensando o caminando, sufriendo o ignorando, amando u odiando. Y luego que existimos, cosas pasan, cosas imaginarias nos ocurren y a veces son muy mundanas y otras son acontecimientos tremendos y trascendentales que nos cambian para siempre. Y mientras más miro la imagen, más se desenredan los hilos que nos manejan, unen o atanm más conozco lo que somos, lo que fuimos y lo que seremos en ese momento. Y mientras más me alejo de la idea, más me acerco a la emoción y mientras me adentro en la emoción, mayor es la certeza que nunca ganaré, que nunca ganaremos y que la historia nunca tendrá un final decente. Y tengo que detener toda la maquinaria, y con la cola entre las piernas volver al inicio. Y la imagen me observa estoica. Yo me voy humillado, en tiempo subjetivo, a un rincón de mi cabeza, que es como un gran salón circular, y recorro una y otra vez la habitación en busca de la tuerca perdida, del engranaje falente. De pronto despierto y veo frente a mí la imagen; tú ya desapareciste, tal vez yo estoy detrás de aquel árbol, no lo sé. Ya todo es borroso y distante, no he estado en ese lugar nunca. Aunque sí, me recuerda a alguien, a un tiempo lejano, lejano para atrás o para adelante, da lo mismo. Tal vez en esa banca de concreto me sentaré en alguna ocasión, quizás tú pasaste por ese sendero un día. Y todo empieza a andar de nuevo y en millonésimas de segundos que saben a años enteros aparece de pronto un hilo que sujetas en una esquina, otro y otro más, los halo y los retuerzo entre mis dedos, y en la lucha caigo y pierdo nuevamente, miro por última vez, ya no estamos ahí. Hasta que en el fondo creo que veo algo, eres tú, soy yo? no lo sé, pero...

15.7.10



Se me olvida todo, todo el tiempo. Yo trato de esforzarme, pero no hay caso. Será culpa de mi flojera tal vez... o simplemente es lo irremediable: no quiero recordar nada. Te diré que mi subconciente siempre ha manipulado mi vida a su antojo y nunca he podido hacerle frente. Paso las noches inventando juegos para adormecerlo y poder así estar más fresco, pero es inútil. Al final todo se vuelve etéreo y caigo en el bailecito aquél donde floto desnudo por las calles y no tengo ni rostro ni pies. Y así durante toda la noche hasta que amanece y despierto tapado hasta la nariz con la alarma del vecino que pone su radio a todo chancho. Y yo sigo así, quieto, con las manitos agarradas de las tapas, con tal grado de estupor que no consigo enderezarme o voltearme o siquiera tragar saliva, por unos buenos 10 minutos. Y en esos buenos 10 minutos ya me enterado de las noticias matinales, de la restricción vehicular, de la temperatura y el hit del momento. O de algún momento... yo nunca tendré un hit. Y con ese pensamiento estiro la mano y busco el control remoto y enciendo mi televisor que quedó en "mudo" de la noche anterior. La radio del vecino ya bajó sus decibeles y ahora me quedo solo otra vez, pero ahora con las imágenes del gordito exasperante que pica cosas con un aparato que se abre como una flor. Y me digo a mí mismo que jamás seré como ese gordito picahielo. Ya son las 7:50 am.

26.6.10

Fantasías desanimadas de mañana



Tu mamá mira las fantasías animadas de ayer y hoy, mientras tú le sacas las pelusas al teclado. Yo creo que hoy ya no existen fantasías, ni menos animadas. Miras por la ventana a ver si ya vengo por el caminito, pero nada. Y la verdad quieres que llegue para no verme la cara, quieres que no llegue, que me vaya, pero acá dentro, en la casa. Quieres que me vaya lejos al dormitorio, que deambule por el baño y que me sienta miserable. Yo no sé nada, no me doy cuenta, no sé nada de nada, soy inocente.
Suena y suena la musiquita y a ti te parece tonto y ridículo que una señora mayorcita mire fantasías animadas, mientras come algún dulce y trata de no pensar y de acomodarse entre los bordes patulecos de esos monos deslavados, de animación onduleada que ni vienen ni van, que se quedan en los márgenes del televisor que es la tumba de todas las fantasías de tu familia. En esta noche con luna te quiebras y te quedas pegada a la ventana a ver si vengo, pero no. Tal vez pasé de largo y me perdí en otro tugurio. Tal vez me pilló un compadre y me cogoteó, porque la verdad es que tú prefieres que me cogoteen a que lo ande pasando bien, porque así podrás compadecerme en vez de odiarme tanto. Eso es tó, eso es tó, eso es todo amiga.

23.6.10

el dios de amarillo



Hoy venía caminando luego de hacer una entrega y dios de pronto apareció de la nada. Yo venía escuchando música, tratando de entender su letra, tratando de entender a la gente que venía en el sentido contrario, tratando de olvidarme un poco de mí mismo. Y dios me hablaba y me hablaba, pero pensé que estaba conversando por celular, como las tallas de la tele mala, pero no. El me venía hablando a mí, yo me asusté al principio y lo miré de reojo. Primero pensé que estaba loco, porque me dijo que si acaso no me acordaba de él, porque "la otra vez" me vio triste y también me había hablado, y "yo" estaba triste porque me había peleado con mi mujer.
Yo le dije que no, con una semi sonrisa. -No, no... no era yo-, pensé. -No me he peleado con mi mujer, ni siquiera con la imaginaria-
Dios vestía un sweater amarillo cata, unos pantalones de tela y usaba el pelo largo, ordenado hacia los lados. Tenía canas, pero no se veía viejo. Y estaba muy preocupado por mi tristeza, me dijo que tenía la mirada muy triste. -Qué raro-, pensé. Si él venía detrás mío, cómo me vio el rostro. Debe ser un dios muy hábil.
Y así me seguía hablando con una sonrisa muy amable. Y yo seguía caminado rápido, impulsivo, sin querer mirarlo por más de dos segundos. El me insistía y me insistía que no estuviera triste. Y creo que lo convencí. Le dije que no estaba triste, de hecho me fui sonriendo todo el camino de vuelta a la casa para convencerlo. Así que, satisfecho, me dejó ir. Entonces buscó a otro con cara de pena y saltó a la otra vereda para abordar al infeliz. Ese otro se quedó detenido escuchándolo, seguramente él sí se había peleado con todas sus mujeres.
Yo me quedé en una vitrina un momento y luego seguí mi camino. Cuando llegué a la casa tu estabas sentada leyendo con cara de pena. Te pregunté qué te había pasado y te pusiste a llorar. Me contaste cómo dios te había insultado todo el camino a casa, que la gente en el metro tuvo que hacerlo callar y pedirle que se bajara en la siguiente estación. Pero no satisfecho con eso, cuando bajaste en tu destino, apareció y te siguió humillando. Qué pena me dio, yo que tenía una imagen tan distinta de él. -¿ vestía un sweater amarillo cata?- te pregunté. Me contestaste con la cabeza que no, luego te sonaste la nariz y me dijiste que llevaba un abrigo beige. Yo te tomé la cara y respiré profundo, aliviado... -los dioses con abrigo beige no existen- te dije con seguridad, -ése debió haber sido un gallo cualquiera-

17.6.10

El novato



Yo no sé cómo llegamos a esto. A vivir casi pegados el uno al otro, respirar nuestros aires viciados, a ocupar la misma silla, la misma mesa, los mismos platos, los mismos cubiertos, a ser absolutamente invisibles para el resto. Yo no sé cómo se hace esto, sólo te sigo la corriente y ya me estoy convenciendo que tú también a mí.
Hoy me senté a mirar la lluvia, porque siempre que llueve me alegro que aún me asombre. Son pocas las cosas que me asombran ya. Y cuando es con ventolera, como hoy, no hay quien me despegue del vidrio. Luego entraste tú, con cosas. Siempre llegas con cosas, como para que no se fuera a notar que estamos solos tú y yo. Llegas con cosas para comer, para limpiar, para ponerse, para dejar ahí en un cajón. Y luego de distribuir todas esas cosas te sentaste a mi lado y miraste la lluvia y miraste la gente que corría para no mojarse y me dijiste que la gente que corría se mojaba aún más. Y siempre lo dices y sé que lo vas a decir, pero no importa, es nuestra pequeña rutina. Sé que no quieres que deje de llover tan luego, porque así me quedo más tiempo mirando por la ventana y tarareando canciones. A ti te gusta eso. Y me la paso menos tiempo encerrado hablándome a mí mismo. No te gusta eso. Lo sé. Pero es parte de las cosas que yo hago, de las que no me asombran ya, pero que estoy acostumbrado. Pero tú también tienes lo tuyo, en esa fracción del día durante la cual te pierdes en la ciudad. Pero vuelves con tus cosas y anécdotas y pequeñas historias que siempre me hacen voltear la cabeza cuando siento tu llave en la chapa de la puerta; no dije que eran pocas las cosas que me asombraban ya? Bueno, lo deberías saber, siempre me sorprende la lluvia, el viento y lo que vas a sacar de la bolsa mientras te quitas la chaqueta y te acomodas el pelo, al mismo tiempo que recuerdas los más mínimos detalles de una vitrina, de una grieta en el pavimento, de un perro con el cual cruzaste miradas, del olor que te causó náuseas, del color del cielo sobre los vidrios de los edificios que sólo te gustan precisamente cuando reflejan otra cosa. Pero no te lo digo nunca porque se me olvida, es como una brisa familiar que viene y se va y que no alcanzo a retener por miedo a evaporarla. Es que soy un novato para estas cosas del romanticismo.

10.6.10

Los vecinos II


Llevan viviendo más de un mes y lo único que hacen es dejar la luz encendida. Tienen un computador que ponen en una mesa cerca de la ventana y yo sé que es para robarme mi señal de internet. Por eso cuando navego se me quedan pegadas todas las páginas. Y lo sé porque nunca vi a ningún técnico instalando nada. Además tienen una lámpara horrible que no combina con el resto del mobiliario, por lo que debe ser robada también.
A veces va una mujer joven y se sienta en uno de los sillones y se ríe, no hace nada más que reírse. El otro día llegó con una pizza. Qué clase de amistades son ésas?
El fin de semana pasado hubo un corte de luz en el sector justo cuando se estaba oscureciendo. Yo me asomé por la ventana para ver hasta dónde abarcaba el problema y ahí estaba él también. Yo lo llamo "el vecino mayor" porque debe ser el que firmó el arriendo y a nombre de quien llegan las cuentas. A diferencia de mí, su actitud era distinta, estaba afirmado en el balcón como si se creyera presidente, con una mano en cada extremo de la baranda, formando un gran espacio entre sus brazos, desafiante. Y miraba con cierta displicencia hacía ambos lados de la calle, como si fuera el dueño de ésta. Pero en el fondo me estaba mirando de reojo a mí. Lo sé, me estaba espiando! Yo sé que lo ha estado intentando, pero soy precavido y cierro las cortinas para que no vea qué cosas miro en internet, o qué cosas escribo. A veces las dejo abiertas sólo para despistarlo y hacerle creer que me gustan ciertos temas; abro y abro páginas que no tienen nada que ver con mis intereses reales. Debe pensar que soy un estúpido. Pero al contrario, soy más listo de lo que cree.

4.6.10

Estabas solo


El otro día pensaba que tal vez pasando los 59 podría entenderlo mejor. Me quedan varios años aún y no sé si llegue, o no sé si quiero llegar. Pero debo admitir que la ilusión de llegar a cruzar esa puerta y ver la vida en alguna manera parecida a como la vio él, es más poderosa que la flojera de comer sano y abstraerme de los vicios. Miro a su viuda -que ya lo pasó en edad hace unos cuantos años ya- y se me viene a la cabeza la idea de que tal vez ella ya lo comprendió. O tal vez quiero creerlo. Pero no me atrevo a preguntarle, me da un poco de vergüenza y un poco de miedo al mismo tiempo, de que no tiene idea ella, que no tiene idea de nada. Que no quiere tener rencor en su pecho y que eso sea todo. Y pienso, habrá habido alguien que te haya comprendido, vivo o muerto?

Una noche de angustia le pedí que me librara de todos mis males, como si acaso fuera un cristo con minúscula, un cristito huacho que me podría hacer un favor especial. Y en parte lo hizo y en parte no. Yo no sé si está vivo o muerto en mi mente, pero quiero matarlo y enterrarlo y luego volverlo a la vida pulcro, sano, cuerdo. Y alcanzar a comprender qué era realmente, qué era lo mágico que había en él, que era lo que me fascinaba y atormentaba tanto. Y no puedo dejar de sentir que estaba muy perdido y muy solo. Y en eso a veces somos tan iguales. Quiero convencerme que tal vez entendiendo su mirada podré encontrarle la gracia al reflejo de la mía.

22.5.10

Allá afuera donde abundan los duendes borrachos.


Yo iba apurado cantando una canción mala que se pegó en la micro, estaba lloviendo pero igual había olor a asado, la gente come cuando tiene que comer, -qué rico- , dije despacito. Qué rico el olor a carne rostizándose sobre una parrillita. Qué rica la lluvia también, que mala canción eso sí. Qué triste la noticia de la señora, en todo caso. Qué aburrida mi conversación en general, lamentablemente. Qué nubes más hermosas habían esta mañana, qué lastima que te fuiste, otra vez.
Allá afuera bailaban un par de duendes borrachos tomados de la mano, no por romance, sino para afirmarse mutuamente. Allá afuera, la noche. Y yo, seguía mi camino enumerando qués para el año que me pidieran. Qué calle más hedionda a pichí, qué árbol más extraño, qué señora más arriesgada, qué hombre más sospechoso, qué niña tan putona, qué perro más lastimoso, qué viento más helado, que canción más mala. Qué pies más helados tengo, qué tonto que fui al dejarte partir, qué tranquila se ve la ciudad.
Allá afuera de mi nave ostrásico-espacial la gente iba y venía. La noche se hacía más profunda y los duendes bailaban. Mi motor seguía siendo propulsado por los infinitos qués de mi soliloquio interno, la noche se hacía más profunda, ya lo mencioné? Y yo encerrado en mi nave invisible pensaba en ti. Qué estarás haciendo ahora...

18.5.10

Una rata con mucha imaginación

Cuando era chica me gustaban los sitios eriazos. Cerca de mi casa se ponía una feria de verduras y frutas los días miércoles y sábados. En ese terreno se acomodaban los feriantes y luego dejaban su desastre de frutas reventadas y hojas de lechugas mustias. Luego venían los mendigos y se llevaban las papas que todavía se podían salvar, luego llegaban los perros y lamían de la tierra la podredumbre de los pescados que vendía un caballero, luego los pájaros picoteaban los granos de choclo que quedaban por ahí... y al final de todo eso, llegaba yo. Generalmente llegaba en bicicleta. No sé por qué, pero recuerdo que me gustaba ir en días nublados. El sitio en un lado se quebraba abruptamente y yo jugaba a que era un acantilado y al fondo estaba el mar. Y mi bicicleta era un jeep y yo era una mujer solitaria que iba a ese mirador a fantasear con su futuro. Me ponía un personal stéreo para crear la banda sonora. Muchas veces me quedaba dándole vueltas al terreno, en silencio, escuchando música. Tenía como 9 años y recién había aprendido a andar en bicicleta. Podía haberme ido a jugar a unos edificios que tenían jardines laberínticos y muy verdes, con mucho espacio, pero sin duda alguna siempre prefería los espacios desérticos, muertos, o los basurales con sus montículos apestosos, las ruinas con sus marcos de puertas y ventanas invisibles. El asunto que me inquieta es que siempre me sentí tan cómoda en esos lugares, sola, husmeando los restos de los restos. Sin tener que seguir las reglas de ningún tonto juego, de ningún tonto niño. Supongo que siempre fui una rata, una con mucha imaginación.

16.5.10

Y hank escribía curao’?, y escribía bien curao’? o después tenía que revisar todo y corregirlo?




Yo escribo bien cuando estoy curao. Se me ocurren más cosas, la verdad es que se me ocurren las mismas cosas, lo único diferente es que se hilan con más facilidad. Sólo por eso creo que podía convertirme en alcohólico. Mi papá por ejemplo, no era alcohólico porque lo hacia mejor escritor, ni mejor nada. Tomaba porque seguramente era rico tomar, y porque se olvidaba de todo, o no, yo creo que al tomar recordaba todo aún con más lujo de detalle. Pero cuando se acordaba de las cosas feas que hacía o decía, no era con la culpa terrible de la sobriedad, era con la manta invisible con la que nos cubre el copete, esa manta de seguridad que nos hace sentir que al final está bien lo que hacemos porque somos unos incomprendidos… o unos cobardes con estilo. Sí, igual es penca, pero yo también me he sentido así. Pero esa no es la razón por la cual yo tomo. Yo tomo porque a sabiendas que hay un Peak de felicidad, prefiero la cuesta abajo que me transforma en un sensiblero. Y creo que puedo conectarme mejor conmigo mismo después de la gran felicidad. Porque siempre sé, siempre tengo la certeza de que se va. La gran felicidad del alcohol. Las otras grandes felicidades hacen puros amagos. Como que llegan pero nunca llegan, como que no se irán jamás, pero siempre me abandonan en el peor momento. O en el mejor, da lo mismo cuando una gran felicidad te abandona, que no es alcohólica, siempre ese momento será el peor. Por eso me siento cómodo ahora. Estoy cuesta abajo. Mis dedos están todos manchados con tinta azul. Usé ese lápiz para escribir una dirección que nunca voy a usar. Era una fantasía alcohólica. Me siento como una pianista cuando me levanto doy unas vueltas y vuelvo a sentarme frente a este teclado. Me abalanzo medio borracho y trato de concentrarme, termino tambaleándome como los pianistas apasionados le dan a su piano. Y sacan cosas lindas y terribles, pero lindas al fin y al cabo. Yo desahogo lo terrible que me atormenta con palabras tenues y suaves, porque nunca he escrito furioso, o sí, pero no he logrado expresarlo. La furia sólo me acompaña en mis momentos más privados, porque sé que está mal… o soy muy privado. Necesito un poco más de vino. Me dio sueño. Tengo otras tareas que hacer. Me cuesta concentrarme, me fijo en mis defectos y me quedo pensando en ellos demasiado rato. No es nada que pueda cambiar, lo que los hace absolutos y para siempre. Ya no sé muy bien de qué estoy hablando. Creo que todo es culpa de papá y su furia. Yo tengo variadas furias, pero siempre las oculto. A las furias de las mujeres las llaman histeria. Los hombre son histéricos también. Yo lo he visto siempre. Cuando me caía mi papá se enojaba. Cuando lloraba, se enojaba. A veces me consolaba, pero estoy seguro que siempre estaba enojado. La ira ocupó su cabeza en vez del alcohol cuando ya no pudo beber más. El decía que tenía fuerza de voluntad, que podía dejar de tomar cuando él quisiera, que podía dejar de fumar cuando él quisiera. Y así era. Pero yo no creo que eso fuera en ningún caso fuerza de voluntad. El tomaba porque quería, siempre le gustó. Ya expliqué el porqué. O al menos eso creo yo. A mi me sirve para poder contar todas estas cosas. Para que salgan en una frase tras otra. No las puedo hablar. No es mi fuerte.

25.4.10

Los vecinos misteriosos

Llegaron hace un poco más de una semana. Entraron mesas feas, sillas -todas distintas- , una cocina creo, un par de sillones feos y una cómoda. No vi camas, ni armarios, ni lavadoras, ni jugueras, ni tostadores eléctricos, ni secadores de pelo, ni computadores, ni impresoras, ni LCD's, ni DVD's, ni cajas con ropa, ni cajas con libros, ni refrigeradores, ni microondas, ni comedores. Cómo será posible. Pusieron una cortina blanca y un colgante de bambú en la ventana, y lo pusieron mal, no queda colgando, no suena con el viento. Está todo mal con estos vecinos. En la noche no encienden la luz y en el día no meten bulla.
Me tienen metido, hago turnos durante el día y la noche junto a la ventana. Pero resulta que me llamó mi tío esta tarde, una urgencia familiar, no pude negarme. Tendré que dejar botado el turno de la mañana. Pensé dejar una cámara encendida, grabando. Pero es sólo una idea. Veré cómo se van dando los sucesos.

24.4.10

Estaba rica la sopa

No, gracias. Quedé bien.

Salí del comedor y llegué a la calle, paseé por entre medio de las personas, miré los diarios. Un perro me siguió media cuadra y luego me abandonó por un basurero repleto de restos deliciosos, para él. Llegué a la estación y estaba repleta. NO me gusta rozarme con desconocidos, la mayoría son feos. Salí de la estación y caminé, caminé, caminé. El mar estaba azul como siempre, con el cielo echado encima, azul como siempre. Las micros me tocaban la bocina, seduciéndome. pero no les hice caso. Seguí caminando y me decía, -esto es para mí, para nadie más-. El sol ya se había ido hace rato.

21.4.10

Sensación de los días miércoles

No les enseñaron acaso que no servía para eso?, que le faltaba una pieza, que estaba roto?
No les enseñaron en sus casas que con eso no se jugaba, niñitos estúpidos?
Quién les dijo que sí?
Acaso fue porque no sonreía?
Pues no les dijeron que no lo hacía de pura verguenza, no porque fuera frío?
No les dije que tenía un falla, que venía roto?

Ahora ya no sirve para nada. Se va a quedar ahí, tirado en el patio, triste y solo, hasta el día en que alguien se atreva a repararlo.

Clase para odiar a un muerto.

Todos los días son 10 de junio. Es todo lo que me queda ya. Dije que estaba bien, pues no. Dije que lo entendía, pues claro que no.
Todos los días tengo que saludar tu cadáver, una y otra vez. Tú y tu sonrisa estúpida de muerto. Y yo acá comiéndome las flores de tu tumba. Ya no pude ser feliz, y tú dale con que tenga fe.
Lo único que me dejaste fue esta insoportable sensación de abandono y la maldición de vivir más años que tú. No es justo. Al menos podrías haberme cuidado mejor. Pero no, me mandas otro como tú.
Nunca me dijiste qué libros leer, nunca me dijiste qué música escuchar. Sólo me contaste un chiste fome, ésa fue tu educación. Pues si tanto te creías el superhéroe, si tanto te gustaba ayudar a los demás, te ordeno que me saques de este hoyo y me mandes lejos, muy lejos de aquí.

21.12.09

A Candidate's lover

Hace varios días que le encuentro sabor a vómito a todo. A la comida, al agua, al viento, al cigarro, a tus besos, al vino, a la leche, a mi saliva. Salgo en las mañanas por el diario y el sabor a vómito me acompaña cerro abajo, vuelvo con el diario y el sabor a vómito cerro arriba. Llego a la casa y enciendo la radio mientras trato de leer las noticias con un café en la mano, y el sabor a vómito es mi fiel compañero durante las 45 páginas y los 250 cc. Miro por la ventana y veo tu cara pegada en un poste en lo alto, cerca del faro que me alumbra las noches, cuando vuelvo a salir por la ventana y veo tu cara pegada en el poste, todavía. Me promete un mañana linda tu cara, y yo con mi sabor a vómito poco te creo. Vuelvo a la pieza y me recuesto en mi cama, tratando de inventarme una vida nueva y sueño despierto con otras mañanas, con otras tardes, con otras noches. Me doy vuelta y quedo boca abajo hasta que me falta el aire y me ahogo… en mi olor a vómito. Me levanto y voy al baño, me pego una afeitada y me corto la cara y sorpresa, mi sangre también huele a vomito. Me peino y me lavo la cara, me veo más decente. Salgo a la calle por cigarros, y me acompaña tu cara poste a poste, cerro abajo. Llego al centro y me pego una calada, el olor me da náuseas, pero ya estoy acostumbrado. Compro un poco de pan y unas mortadelas finas. Saludo a la señora del negocio que me habla de ti como media hora. Vuelvo cerro arriba con mi once y tu cara y el olor a vómito. Nuestro olor a vómito. Pongo la tetera y tuesto el pan. Enciendo la radio y escucho las noticias que me hablan de ti otra media hora más. Y pienso en ti. Otra media hora más. Y veo tu foto en mi billetera, que está desteñida y vieja y luego subo la vista y llego a mi ventana y estás a todo color, tan joven. Y pienso en ti otra media hora. Ya no siento el olor de nada más que no sea vómito. El pan se quema, salta una chispa, agarra el mantel que se derrite lentamente hasta que la llama alcanza la mesa de palo y el palo la cortina y de pronto estoy envuelto en llamas y yo no veo nada más que tu cara sonriéndome y prometiéndome un lindo mañana, y yo ya no te creo nada.

11.8.09




Era un cadáver común y corriente, boca abajo con chaqueta de cuero, jeans y zapatillas negras. Era un cadáver común y corriente, silencioso y quieto, como todos los cadáveres que he visto. Boca abajo sobre las piedras, no podía ser que todos pasaran por su lado - y a veces hasta por sobre él- sin siquiera fingir un poco de estupefacción.

No era un cadáver ordinario para ella. El hecho que en algún momento (probablemente no hace mucho) habría sido una persona común y corriente, pero viva, era ya suficiente para dejar la mandíbula suelta por un par de minutos. -¿Habría sido una persona buena o mala?-, se preguntaba, resumiendo toda la existencia del NN a esas dos posibilidades.
Tratando de adivinar a la distancia cómo sería su rostro, iba guiándose por la vestimenta. A juzgar por ésta, debería tratarse de alguien joven, jeans negros, chaqueta de cuero negra, y zapatillas también negras. Para ella, esa combinación no dejaba lugar a mayores suposiciones.

Para ser justos era de noche y en la playa apenas alumbraban los focos de la calle, así que también apenas se notaba que era un cadáver. Apenas podían distinguirse los pies y las piernas. Si me hubieras preguntado a mí, yo habría contestado que eran rocas, con una forma extrañamente humana, pero rocas al fin y al cabo. Claro que yo no había bebido casi nada esa noche. Ella en cambio, ya había perdido la gracia que dan los primeros vasos y se había transformado en una constante maniobra. Sentada en una roca con forma de sofá (era una playa de piedras bastante polimorfas para mi gusto) disfrutaba el paisaje marino, o hacía como si. Las olas tenían habían cobrado ahora un sentido cósmico. Nunca había notado ella la masa energética de líquido desplazándose de un lugar a otro con tanta perfección. Luego, más allá en el horizonte, apenas se distinguía la división entre el cielo y el mar. De no ser por el tono rojizo del primero, el segundo podría haber sido eterno. Unas espumas distantes le daban forma a olas madres que parían, leguas más acá, pequeñas olitas furiosas que estallaban contra los roqueríos, o entres los recovecos que se formaban. La playita era muy estrecha y prácticamente funcionaba como baño y motel. Pero como esa noche el grupo sólo necesitaba lo urgentemente biológico, debido a las ingentes cantidades de vino de pésima calidad.

Ella se levantó de pronto a cumplir con los mandatos esfintéricos. A poco andar, notó atónita un cuerpo tendido boca abajo entre una muralla de concreto y rocas. Su tenida juvenil la espantó aún más, cortándole la respiración y erizándole los pelos de la nuca. Era un joven como ella, y probablemente se habría caído de borracho por una de las barandas. O tal vez se habría suicidado, pero la altura no era tentadoramente fatal. Quizás lo habrían asaltado. Parada a mitad del trecho que había entre el sofá y el muerto, no podía mover un músculo del cuerpo (pero en realidad yo podía ver cómo se tambaleaba de un lado a otro, casi en cámara lenta). Adelantó el cuello como un tortuga y aguzando la mirada, intentaba darle forma humana a ese bulto. Porque si bien a ratos era un hombre boca abajo, luego perdía toda forma comparable a la anatomía humana. Y en esos momentos ella parecía querer gritar, pero no podía.

Detrás suyo el resto del grupo chillaba y reía como monos. Nadie notaba la presencia del cadáver y parecía ser que nadie quisiera notarla a ella.
A veces me daba pena verla así, en tan confusa situación, pero sabía que habría sido inútil acercarme.

Pasaron las horas y el grupo aún seguía celebrando lo incelebrable. Ella de pie aún, había olvidado por completo su cuerpo, no así al cadáver. Estaba ahora ella en algún lugar desconocido, no tan lejano, pero imperceptible para la mayoría. Estaba inmersa en sus pensamientos, ella era casi un pensamiento, palpitaba el mar, palpitaba ella. Se quedaba el mar en silencio, casi desaparecía ella. Qué era eso que descansaba sobre las rocas, era una visión?
, era un sueño?. Qué leyes universales habrían configurado tal escenario?. Por un momento creyó que ya no existía más, creyó ver un túnel, creyó oír voces que la llamaban, ¿podría ser el letargo alcohólico tan poderoso?
Por un momento me pregunté si debía ir por ella o no, pero en ese momento una gran ola reventó sobre nosotros empapándonos por completo. Al retirarnos hacia las escaleras, noté que había desaparecido. Extrañamente, el bulto en las rocas también.


30.6.09



Una tarde me olvidé que estaba ahí, abrí la cortina y no pensé nada más. Me senté y me tome mi sopa, así lentamente, sin pensar en nada. Esa misma noche leí un capítulo de un libro cualquiera, y no decía nada que fuera a significar algo importante para mí, porque yo ya me había olvidado que estaba ahí. Repetí las mismas frases, buenos días, buenas tardes, buenas noches, la misma sonrisa mecánica, las mismas "gracias" entredientes al abrirme la puerta del ascensor. Bajé los mismos peldaños rotos y caminé por la misma vereda meada y recontra caminada. Yo ya me había olvidado de mí. Y no sabía que tenía que acordarme cada mañana de cada día, que yo estaba ahí. Ahí, junto con los muebles, el oxígeno y el ruido de la lluvia, los autos y las risas de los parqueadores de autos, el cántico enfermante de los fieles de la iglesia en frente. Yo estaba ahí. Y varios años más tarde, un día como hoy, recordé que estaba, que yo era, que había sido, que podría seguir siendo, si me atreviera a recordarlo, a recordármelo cada mañana. Y según avanzaba la fila para pesar el pan, iba entendiéndolo mejor, todo parecía encajar, a veces a la fuerza, pero encajaban las cosas al fin y al cabo. Y por unos momentos entre que la cajera recibía mi billete y me daba las monedas del vuelto, por un momento, yo era... yo sabía que era. Y me llené de entusiasmo y de esperanza y de amor por el mundo. De verdad que así fue. Pero, en algún instante me distraje, no sé cuándo, y nuevamente olvidé que estaba ahí.

6.2.09

Otro acertijo más.

Creo que mi siempre mal ponderada mediocridad me ha pasado la cuenta otra vez, y esta vez de la manera más vil... atacando mis últimos y honestos placeres, mis mañas. Y despojándome de ellas, simplemente me siento pilucho y pelele. Ridículo. Todo lo que me hace ser yo ya no me sirve. Ahora he de ser más despabilado, más articulado y menos imbécil. Y claro, en el camino a la salvación intelectual, son mis mañas un estorbo monumental. Porque son, por mucho, lo más mediocre de mi todo mi ser. Lo que me hace agachar el moño y sorberme los mocos imaginarios que visualizo en mi imagen caricaturizada, cada vez que hago o digo una estupidez que me deja al descubierto y que esa frasecita que termina en "disipar las dudas" no puede calzarme mejor.
Mis mañas empezaron no sé bien cuándo, no sé bien qué o quienes las inspiraron, en qué momento se plegaron a mí como piñen, en qué momento se transformaron en mi uniforme distintivo para el resto. Y por supuesto que no las mencionaré, porque de estúpido tendré bastante, pero sólo lo suficiente como para reconocer la propia estupidez. Pero ha de saberse que son embarazosas... y que alguna forma tendré que librarme de ellas. Y me pregunto cómo luciré sin esa tenida de domingo católico que me ha humillado de manera latente, sin yo darme cuenta ni un ápice. Hasta la adultez. Hasta unas semanas atrás. Hasta llegar a este pueblo. Mi ignorancia me conmueve. Qué vergüenza.

29.9.08

Algunas veces por la tarde.

"Lo que no tiene solución ya está solucionado", escuché por ahí. Claro que sí. Como yo queriendo darle sentido a todo. Algunas veces, se me aparece esa sensación un tanto oscura, que me preocupa al comienzo, pero que luego voy aceptando como un llamado de atención de una yo más evolucionada, lejana y alta. Sí, alta. Y siento entonces una llanura que se extiende infinitamente dentro de mi pecho y luego dentro de mi mente. Y ningún pensamiento tiene permiso para edificar. Ninguna emoción tiene permiso para construir. Una gran llanura desértica, en todos los tonos del sol y la tierra, enfrentada a un cielo lleno de nubes multicolores. Y desde la distancia, se distingue sobre la línea del horizonte, mi estrecha silueta oscura caminando hace mil años. Y todo lo que fue y será no existe. Sólo la marcha constante y la fricción de cada nuevo paso contra la roca rojiza y endurecida. Y por supuesto hay viento que corre. Y claro también el sol entibia y todo confluye en un estado semidormido que se desvanece cuando la micro pasa sobre un hoyo. Y algunas veces me molestaría, pero esta vez no. Y me molestaría la mirada de la señora que va sentada a mi lado, y el chofer despreocupado y el hombre viejo y cansado que ahora es mi nuevo acompañante, no me molesta nada de lo que me molesta usualmente porque ya voy otra vez sobre el horizonte, con el viento en la cara y la cabeza en blanco. No veo caras ni lugares, no escucho voces ni canciones. Algunas veces por la tarde me desaparezco y no intento llegar a la salida. Y en esas mínimas ocasiones siento que no estoy perdida.


11.7.08

Su lugar favorito

Se me olvidaba que debía terminar de contar esta historia primero...


Ustedes venían llegando de Santiago, tú y tu primo, mi amigo. Nos encontramos a la salida del Terminal y estando yo en ese extraño humor, con esa sensación de haber quedado “libre” de algo que me había tomado toda mi vida, como si ya no tuviera nada más que hacer por el resto de mi tímida existencia, acepté la invitación de juntarnos a ver películas malas. Y a la tarde siguiente nos juntamos en el videoclub, pero a la vuelta de la cuadra se había desatado un incendio tremendo. Al final todos nos perdimos en la multitud de mirones. Menos tú que me tomaste la mano para no perderte. No me sentí para nada incómodo, de hecho me recordaste a mi “nueva” hermana norteña que, irónicamente, me era igual de desconocida que tú. Todas estas cosas no las sabes, pero tu te crees que lo sabes todo. Tu propia tragedia no te da derecho a suponer que ya lo viviste todo. Que lo sentiste todo.

Nos quedamos conversando de cosas vagas y luego comenzamos a caminar y nos alejamos de la multitud. Y caminamos toda la tarde. Y ahí me empezaste a gustar. No por tu sonrisa, ni por tu supuesta madurez, ni por tu pelo largo o tus ojos achinados, sino por la extraña distancia que nos unía, como si no nos quedara otra cosa más que querernos mutuamente. Como una película mala.

Yo te dije que nunca había pololeado en serio. Pero no te dije que había sentido alguna vez una profunda atracción por mi vecina de toda la vida. Nos hicimos tan amigos que después llegué a quererla tan entrañablemente que su figura femenina de desvaneció por completo y ante mis ojos sólo quedó mi mejor amiga. Ella me alentó a buscar a mi papá y fue ella también quien me regaló los pasajes para ir a buscarlo. Ahora está en el otro hemisferio juntando experiencias que seguramente yo nunca viviré.

No me desbordé de historias como tú, te dejé hablar y te dejé quedarte callada sin preguntarte en qué estabas pensando. No se me ocurre en que pudiste haberte quedado pensando. Me imagino que en algún recuerdo que pensaste que había desaparecido.

1.7.08

¿Wall -E?

Bueno y no faltaba más. Llevaron mi vida a la pantalla. Con una pequeña diferencia, no soy un robot y mucho menos encargado de la basura... al principio sí, pero lo hacía de puro bueno no más.

Ha pasado el tiempo y me he estado sumergiendo en recuerdos ajenos de todos los diarios de vida que he recolectado y he olvidado casi por completo a mi persona. Y mi persona es casi mi única posesión que me queda en este planeta, no debería ser tan despreocupado con ella. Así que con mi persona hemos decidido irnos de excursión por lo valles puliplaxios y recorrer las cavernas, las praderas, los roqueríos. Hemos decidido salir de esta habitación y ver el mundo otra vez. Recolectar nuevas historias protagonizadas por mi persona y yo. Y de una vez por todas hablar de mí y no de otros. Porque estaba bueno ya.

27.6.08

Su lugar favorito





Aunque tú nunca dices nada, de alguna otra forma siempre eres tú la que empieza. Y te sigo la corriente. Es terrible estar todo el tiempo tratando de descifrarte. El otro día por ejemplo, me dijiste que me amabas.

Fue así. El litoral estaba bien feo, estaba nublado y las olas estaban opacas, como si tuvieran una cáscara de petróleo encima. Te invité un helado de esos de cono. Como si fuera tan corriente para mí. Para ti lo fue. Es que tú no sabes nada de mí, crees que puedes entenderme tratando de poner atención a mis preguntas o mirándome bien a los ojos cada vez que me cuentas una historia tuya. Pues bien, no sabías que hace mil años no tomaba helados de cono o de la clase que fuera. No sabías lo extraño que era para mí. Y podría haberme enamorado en un segundo si me hubieras preguntado ¿hace cuanto que no te comías un barquillo?

Mientras avanzábamos por la costanera yo pensaba en ese día en que nos habíamos conocido y no había sido hace mucho, tal vez un mes atrás. Tú eras pariente de un amigo. Lo típico del verano. Venías de otra ciudad para quedarte durante enero y parte de febrero. Yo nunca suelo ser parte de esos círculos, por algún motivo siempre me abstengo de los paseos grupales, de las idas a la playa, de toda aquella veraniega interacción social diurna. Pero ese día que te conocí había logrado cerrar al fin una parte de mi historia que estaba pendiente hace tanto tiempo. Yo venía llegando del norte, de conocer a mi padre luego de toda una vida de ausencia. Eso te lo conté a la pasada, creo que dije que venía de viajar por el norte. “Fui a ver a mi papá”, comenté. Fui a ver a mi papá y los desiertos infinitos que me separaban de él. A contar las animitas del camino que me reunirían con el hombre que me había heredado estos ojos azules desteñidos y esta fea mancha de nacimiento en mi rodilla derecha.


Continuará ... eso espero.